
Inteligencia emocional: habilidad, rasgo y un debate que continúa
La inteligencia emocional se volvió una expresión popular en los años noventa. En la investigación tiene dos versiones muy distintas, y el debate sobre qué aporta más allá de la personalidad sigue abierto.
De dónde viene el modelo
El término tomó forma científica con Peter Salovey y John Mayer (1990), que definieron la inteligencia emocional como la capacidad de percibir, usar, comprender y gestionar emociones. En su modelo es una inteligencia en sentido estricto: un conjunto de habilidades que pueden medirse con tareas que tienen respuestas mejores y peores, como identificar la emoción de un rostro.
En 1995, el periodista científico Daniel Goleman publicó un éxito de ventas que popularizó el concepto y lo amplió para incluir motivación, empatía y habilidades sociales. Más tarde, Goleman y Richard Boyatzis organizaron el modelo en cuatro dominios: autoconciencia, autogestión, conciencia social y gestión de relaciones.
Qué dice la investigación
La literatura distingue modelos de habilidad, medidos con pruebas de desempeño, y modelos mixtos o de rasgo, medidos por autoinforme (Mayer, Salovey & Caruso, 2008; Petrides & Furnham, 2001). Ambos tipos de medida se correlacionan poco entre sí, lo que indica que no miden lo mismo.
La inteligencia emocional como habilidad se relaciona con la inteligencia general y con la calidad de las relaciones sociales. La inteligencia emocional por autoinforme se superpone bastante con rasgos conocidos, como la estabilidad emocional, la extraversión y la responsabilidad. Un metaanálisis concluyó que la inteligencia emocional predice el desempeño laboral sobre todo en puestos con alta exigencia emocional, y que parte de lo que añaden las medidas mixtas se debe a esa superposición (Joseph & Newman, 2010).
Críticas y debates
Críticos como Edwin Locke (2005) sostienen que el concepto se amplió tanto que incluye casi cualquier cualidad deseable y perdió precisión. Las afirmaciones populares de que la inteligencia emocional "importa más que el CI" no tienen respaldo en los datos. Aun así, las habilidades emocionales específicas pueden entrenarse y tienen valor práctico.
Limitaciones
El test de Ethea es de autoinforme, así que se acerca a los modelos de rasgo: mide cómo te percibes, no tu habilidad real para leer o regular emociones. Además, al usar elección forzada entre cuatro dominios, muestra en cuál te reconoces más, no tu nivel general. Una persona con todos los dominios desarrollados también verá un perfil con diferencias. El test no fue validado frente a medidas de investigación.
Cómo adapta Ethea el modelo
La versión de Ethea usa los cuatro dominios del modelo de Goleman, anclados en la definición de Salovey y Mayer, en 16 bloques de cuatro frases; marcas la más y la menos parecida a ti, y cada dominio aparece 16 veces. El resultado muestra tu dominio más fuerte y el menos priorizado, con sugerencias prácticas para desarrollarlo.
Test creado por Giovanni Oliveira.
Referencias
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- Salovey, P., & Mayer, J. D. (1990). Emotional intelligence. Imagination, Cognition and Personality, 9(3), 185–211. Buscar en Google Académico(se abre en una pestaña nueva)
- Goleman, D. (1995). Emotional Intelligence. Bantam Books. Buscar en Google Académico(se abre en una pestaña nueva)
- Mayer, J. D., Salovey, P., & Caruso, D. R. (2008). Emotional intelligence: New ability or eclectic traits?. American Psychologist, 63(6), 503–517. DOI: 10.1037/0003-066X.63.6.503(se abre en una pestaña nueva)
- Petrides, K. V., & Furnham, A. (2001). Trait emotional intelligence: Psychometric investigation with reference to established trait taxonomies. European Journal of Personality, 15(6), 425–448. Buscar en Google Académico(se abre en una pestaña nueva)
- Locke, E. A. (2005). Why emotional intelligence is an invalid concept. Journal of Organizational Behavior, 26(4), 425–431. Buscar en Google Académico(se abre en una pestaña nueva)
- Joseph, D. L., & Newman, D. A. (2010). Emotional intelligence: An integrative meta-analysis and cascading model. Journal of Applied Psychology, 95(1), 54–78. Buscar en Google Académico(se abre en una pestaña nueva)
- Hicks, L. E. (1970). Some properties of ipsative, normative, and forced-choice normative measures. Psychological Bulletin, 74(3), 167–184. DOI: 10.1037/h0029780(se abre en una pestaña nueva)
- Brown, A., & Maydeu-Olivares, A. (2011). Item response modeling of forced-choice questionnaires. Educational and Psychological Measurement, 71(3), 460–502. DOI: 10.1177/0013164410375112(se abre en una pestaña nueva)
- Brown, A., & Maydeu-Olivares, A. (2013). How IRT can solve problems of ipsative data in forced-choice questionnaires. Psychological Methods, 18(1), 36–52. DOI: 10.1037/a0030641(se abre en una pestaña nueva)